Migraciones forzosas. Hernán Sorhuet Gelós.

Nadie discute que el cambio climático llegó para quedarse. Los múltiples problemas globales que implica para la humanidad están modificando rápidamente algunas variables.
Una de las que seguramente será más impactante es la migración forzosa por razones ambientales, que producirá cantidades enormes de refugiados ambientales. Consignarlo no significa ser alarmistas sino hacer una lectura de lo que está ocurriendo, aunque existe mucha resistencia a reconocerlo.
Aunque la idea sobrevuela en muchas organizaciones, ni siquiera existe una definición aceptada del concepto. El refugiado ambiental es una categoría especial de personas que por razones de supervivencia, se ven obligadas a abandonar la región o el país en el cual viven. La ocurrencia de algún desastre natural repentino (fenómenos meteorológicos, como un huracán o una crecida) o lento (proceso climático, como desertificación, elevación del nivel del mar o salinización de la tierra) empuja a familias enteras a dejar sus hogares, donde su futuro está dramáticamente comprometido. La imposibilidad de retornar a sus lugares de procedencia puede ser transitoria o permanente.
Al no existir aún esta categoría esas personas desplazadas y en extrema vulnerabilidad, no tienen acceso a las ayudas previstas para los refugiados.    A pesar de las evidencias, parece no haber apuro en los organismos internacionales por solucionar el tema.
Reconocer la existencia de refugiados ambientales por razones climáticas, también implica poner la mirada en los grandes responsables del problema: los países desarrollados. Se sabe que son ellos los principales causantes del problema, a través de sus elevados niveles de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. En otras palabras, las naciones incluidas en el anexo I del Protocolo de Kioto tiene una mayor responsabilidad en el asunto y, por lo tanto, es lógico esperar que asuman las obligaciones más pesada en la solución de los problemas.
Mientras tanto, el futuro de los refugiados ambientales cada vez se presenta peor, considerando la frecuencia y magnitud de los problemas que anuncia el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).
Si se reconociera el problema y se aceptaran las responsabilidades, una de las primeras consecuencias debería ser que los países desarrollados modificaran sus políticas de inmigración, referente a esa nueva categoría de excluidos. En ese sentido, ya se escuchan propuestas de que esos países deberían hacerse cargo de una cuota de migrantes por razones climáticas, proporcional a sus emisiones totales. Aspectos como éste ayudan a explicar porqué existe tanta resistencia a avanzar en este terreno. De hecho, hasta ahora ningún país ha querido sentar precedente aceptando la categoría de refugiado ambiental por razones climáticas.
Mientras tanto, no es casualidad que se insista tanto desde los países desarrollados en lograr exitosas medidas de adaptación en los estados más vulnerables al cambio climático, porque ayudaría a que las poblaciones afectadas no migraran en forma masiva. Mientras tanto aumenta la vulnerabilidad de millones de personas. La reacción tardía a estos fenómenos inminentes solamente agravará las consecuencias negativas en cantidad e intensidad.

Hernán Sorhuet Gelós
EL PAIS; Montevideo, 1° de Julio de 2009