• Encuentro de ciudadanos verdes en Topotepuy

    En la celebración del Día de la Educación Ambiental

    Este año serán los 20 Aniversario de los Jardines Ecológicos Topotepuy y hemos querido iniciar el año celebrando el Día Mundial de la Educación Ambiental invitándolos a un evento llamado ‘Puertas Abiertas a la Educacion Ambiental’.

    Este es el programa de la actividad para el Sábado y Domingo. Vienen colegios e Instituciones educativas a presentar sus actividades y experiencias en la Educación Ambiental. Fundación Tierra Viva será una de las organizaciones expositoras en esta jornada.

    Sábado 28

    Domingo 29

    El costo será $5 por persona por día.
    Invitamos de manera especial a las instituciones educativas, como también a todos los amigos verdes que se conmueven por la necesidad de educar en el área de la conservación, creando conciencia ecológica, a que vengan a oír estos dos días 28 y 29 de Enero a los exponentes que vamos a presentar.

    Explora, juega y vive el mundo natural en Topotepuy

    Celebraremos el día de la Educación Ambiental con actividades ecológicas ¡100%Topotepuy! en cada una de nuestras Aulas Abiertas y llévate un mensaje de vida sostenible.
    Pintacaritas, juegos ecológicos, recorridos guiados por nuestras Aulas Abiertas, taller sensorial, taller de siembra, taller Jardín Zen, el taller conociendo nuestra basura y vistas guiadas al bosque nublado.

    Durante todo el día en todo el jardín

    El Planeta Tierra es nuestro único hogar y es “responsabilidad de Todos”cuidarla!
    Las entradas estarán a la venta en la puerta o escribiendo al correo info@topotepuy.com

    Si deseas colaborar:
    Pago móvil Asociacion Civil Topotepuy
    Teléfono 04143164006
    Rif -J 401057519
    Bancamiga

  • “Generación sustentable”: uno de los proyectos de cooperación que apoyará la Unión Europea en 2023

    El Proyecto será ejecutado por Fundación Tierra Viva y REDSOC en alianza con las organizaciones Fundación Impronta, Todos por el futuro, Esbaratao, Fundación Reusamas y CiudadLab.

    En 2023, Fundación Tierra Viva y REDSOC comenzarán la ejecución del proyecto “Generación sustentable: acciones, emprendimientos y redes a favor de la inclusión y la sustentabilidad” con el propósito de contribuir a aumentar la participación y el liderazgo juvenil en temas de desarrollo sustentable en comunidades urbanas, rurales e indígenas de Venezuela.

    Para ello, el martes 13 de diciembre, se firmó con el Jefe de Delegación de la Unión Europea, Rafael Dochao Moreno, este proyecto cuyas acciones se ejecutarán en el área metropolitana de Caracas incluyendo Caucagüita y Casalta III, Canoabo, Naguanagua y Valencia en el estado Carabobo y Tucupita, en el estado Delta Amacuro, para atender las necesidades de los jóvenes en cada uno de sus contextos de vida, y al mismo tiempo fomentar el encuentro y entendimiento que permita identificar preocupaciones y acciones comunes, y por tal motivo será importante la creación de redes.

    Con una duración de 48 meses, el proyecto Generación sustentable contará con programas de capacitación juvenil para la creación de redes, ciberactivismo y planes de incidencia pública a favor de la inclusión social y la sostenibilidad, jornadas de acción socioambiental realizadas con la finalidad de contribuir a la construcción de ciudadanía, conservación ambiental y cultura de paz dentro de sus comunidades y acciones para el desarrollo local y emprendimientos sustentables liderados por jóvenes.

    Además de Fundación Tierra Viva y REDSOC, las actividades del proyecto tendrán como aliados a otras 5 organizaciones:  Fundación Impronta, Todos por el futuro, Esbaratao, Fundación Reusamas y CiudadLab.

    Generación sustentable es uno de los 8 proyectos seleccionados luego de la convocatoria que se abrió a comienzos de 2022 y donde se recibieron 64 propuestas; sus acciones se sumarán a las otras que en conjunto esperan beneficiar a más de 10.000 jóvenes, en 15 estados de Venezuela.

    Fundación Tierra Viva @TierraVivaVzla (Twitter e IG)

  • Un estudio cuantifica cómo la minería y la deforestación revivieron la malaria en Venezuela

    El país pasó de ser uno de los primeros en eliminar esta enfermedad en su territorio a presentar picos históricos

    MARÍA MÓNICA MONSALVE S.Bogotá – 23 NOV 2022 – 06:45 GMT-4

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    En los años 50, Venezuela empezaba a posicionarse como el país líder en combatir la malaria. Gracias a una impresionante campaña de fumigación y estudios que realizó en ese entonces el médico y salubrista venezolano Arnoldo Gabaldón, el país se convirtió en uno de los primeros en eliminar esta enfermedad en gran parte del territorio. Para 1961, la malaria no estaba presente en el 68% de Venezuela y, entre 1936 y 1962, la tasa de mortalidad se redujo de 164 muertes por cada 10.000 personas a la sorprendente cifra de cero.

    Pero el éxito que logró Gabaldón hoy en día es un fantasma. El Informe Mundial sobre la Malaria de 2020 calculó que en Venezuela los casos habían aumentado 1200% entre 2000 y 2019. Y solo en las dos primeras semanas de 2022, la ONU diagnosticó 2.796 casos de malaria en todo el país. El legado de Gabaldón se había desmoronado.

    “Lo primero fue que los programas de control de malaria dejaron de funcionar. Disminuyó el acceso a los medicamentos contra la malaria y a las herramientas para el control de vectores”, recuerda la doctora María Eugenia Grillet, profesora titular e investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela en entrevista con América Futura. “Luego, por la situación política y económica del país, muchos se fueron a trabajar a las minas de oro, al sur de Venezuela, afectando y modificando el paisaje, abriendo caminos a través del bosque”. Deforestando.

    A esto, además, se sumaron dos factores que, se sabe, son promotores de malaria: el calor y el aumento de lluvias. “El calor no solo acelera el desarrollo del parásito que causa la enfermedad de la malaria – Plasmodium -, sino de los mosquitos que los transmiten – los Anopheles -”, explica Isabel Fletcher, doctora graduada de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Reino Unido. Las lluvias, por su parte, terminan en agua estancada que los mosquitos necesitan para completar su ciclo de reproducción.

    Un grupo de mineros busca diamantes en Parai-Tepui (Venezuela), el 14 de mayo de 2019.
    Un grupo de mineros busca diamantes en Parai-Tepui (Venezuela), el 14 de mayo de 2019.MICHAEL ROBINSON CHAVEZ (GETTY IMAGES)

    ¿Pero qué rol juega cada uno de estos factores en el incremento de la malaria? ¿Qué porcentaje puede estar relacionado con el boom de minería que se vive en el sur de Venezuela? Este fue el tipo de preguntas que empezaron a rondar por las cabezas de un equipo de investigadores del que hacen parte Fletcher y Grillet. Tras crear un modelo con casos de malaria desde 1996 y variables potenciales asociadas como la temperatura del terreno, lluvias, deforestación, y huella minera, entre otras, encontraron que, en el caso del parásito Plasmodium falciparum, la minería podía explicar un 27% de la variación e incremento temporal de malaria, mientras que para el Plasmodium vivax la cifra era del 23%.

    “Hicimos esta separación porque en Latinoamérica el P. vivax es el que más nos afecta, con aproximadamente un 70% de prevalencia. Mientras el P. falciparum, que causa una enfermedad más grave, solo es responsable del 30% en nuestra región. Está última especie está más presente en África”, aclara Grillet.

    Además, en los resultados de esta investigación, que fue publicada en The Lancet, señalan que, en las zonas sin minería pero que sí registraban un aumento de temperatura no había mayor incidencia de casos de malaria, apuntando de nuevo al fuerte rol que cumple esa actividad extractiva.

    En el estado de Bolívar, por ejemplo, donde se han identificado los focos de minas (2.460, que representan el 96% de las que hay en todo el país), la malaria aumentó entre 1996 y 2016: 1.609% para P. falciparum y 2.986% para P. vivax. En estas zonas, comenta Fletcher, vuelven a confluir una serie de factores desencadenantes: la deforestación, la falta de servicios médicos, los pozos de agua dejados por la minería y la conglomeración de personas que han llegado en busca de trabajo. Lo preocupante, agrega Grillet, es que cuando los trabajadores regresan a sus estados de origen también pueden estar llevando la malaria con ellos, propagando este parásito por todo el país.

    “Se trata de una investigación importante en la medida que puede identificar con bastante certidumbre cómo interactúa un factor del paisaje y del clima en la transmisión de malaria”, concluye Rachel Lowe, tutora de Fletcher, coautora del estudio e investigadora de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. “Y esto es relevante para los sistemas de alerta temprana de un país o región, porque indica que podemos utilizar la información climática para intentar predecir el riesgo de malaria”.

    Fuente El País

  • Plan “Lata de agua”: Escuelas y ambulatorio en Petare se abastecen con agua de lluvia ante tuberías secas

    Laurencio Sánchez, arquitecto y uno de los fundadores de «Lata de agua», ideó este mecanismo que comienza con la captación de agua en los techos: pasa por un primer filtro hecho con grava y mallas metálicas donde quedan sedimentos y materiales vegetales, para luego atravesar canales y otros filtros hasta llegar a los tanques de almacenamiento.

    El agua que surte a una escuela en la mayor barriada de Venezuela viene «gratis desde el cielo» y no por el grifo: forma parte de un proyecto de captación de lluvias para hacer frente el precario suministro.

    La escuela Fermín Toro de Petare se vio muchas veces obligado a reducir horas de clase o suspenderlas por falta de agua.

    El suministro llegó a faltar por ocho meses y muchas veces las maestras pedían a los alumnos llevar su propia reserva para beber y lavarse las manos.

    «Cuando no tenemos agua de la tubería contamos con agua del proyecto ‘Lata de agua’, que es el agua de lluvia, y por este motivo ya no suspendemos actividades escolares», asegura Dayani Echezuría, la directora del plantel. «Trabajamos nuestra jornada diaria, el beneficio ha sido enorme».

    «Lata de agua», como fue bautizado este programa, funciona desde 2019 en tres escuelas y un ambulatorio.

    Si bien la práctica de recolección de agua de lluvia es muy común en localidades rurales desde hace siglos, en grandes ciudades como Caracas viene proliferando por los problemas en las redes de suministro operadas por empresas estatales.

    Laurencio Sánchez, arquitecto y uno de los fundadores de «Lata de agua», ideó este mecanismo que comienza con la captación de agua en los techos: pasa por un primer filtro hecho con grava y mallas metálicas donde quedan sedimentos y materiales vegetales, para luego atravesar canales y otros filtros hasta llegar a los tanques de almacenamiento.

    «Está basado en un modelo de suministro sustentable», explica a la AFP. «¡Es agua gratis desde el cielo!».

    En promedio Venezuela registra seis meses de lluvias al año.

    Plan «Lata de agua»: Escuelas y ambulatorio en Petare se abastecen con agua de lluvia ante tuberías secas

    – «Recoger agua de las nubes» –

    «Aquí se cosecha agua de lluvia», se lee en los cuatro gigantescos tanques azules con capacidad para 19.000 litros, que surten a la escuela Fermín Toro.

    En la Unidad Educativa Nuestra Señora del Encuentro, otra de las escuelas beneficiadas en Petare, el agua recolectada se usa para el riego de un huerto propio, que ayuda a abastecer un comedor donde sirven comida a sus 850 estudiantes.

    El agua se almacena en un enorme tanque verde que se mandó a hacer en ese color para que se mimetice con los árboles. Se recolectan unos 250.000 litros al año mediante este programa financiado por la embajada de Francia.

    En el huerto cultivan legumbres, hierbas aromáticas y verduras; antes perdieron cosechas de maíz por falta de agua.

    «Gracias a ‘Lata de Agua’ se ha podido fortalecer la ‘Sopa de la virgen’», dice la religiosa María Inés Guerrero, directora de la escuela, en referencia a su comedor.

    La «Sopa de la virgen» comenzó en 2016 y la bautizaron así porque se hacía con lo que se podía recolectar. «Como no teníamos nada, no sabíamos de qué íbamos a hacerla y le rezamos a la virgen», explica Guerrero.

    Los excedentes de la lluvia son infiltrados al suelo.

    «El gran tanque de la naturaleza es el suelo», explica Laurencio Sánchez, que muestra el mecanismo de infiltración artesanal que permite devolver lo que no se usa a acuíferos subterráneos. Esto «mejora la calidad del suelo de cara a la sequía».

    En Petare, fuera de las escuelas beneficiadas, algunos vecinos, también víctimas de la falta crónica de agua, han comenzado a improvisar sus propios mecanismos de recolección.

    «‘Lata de Agua’ nos enseñó a recoger agua de las nubes», dice Thays Colmenares, que lleva 30 de sus 46 años viviendo en Petare y replica lo aprendido en su casa.

    Lo mismo Sally Carvallo, que usa el agua que recoge para lavar la ropa, asear los baños y regar sus plantas.

    «Viendo lo que se ha hecho aquí mucha gente ha aprendido», sostiene esta ama de casa de 54 años.

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