• Un estudio cuantifica cómo la minería y la deforestación revivieron la malaria en Venezuela

    El país pasó de ser uno de los primeros en eliminar esta enfermedad en su territorio a presentar picos históricos

    MARÍA MÓNICA MONSALVE S.Bogotá – 23 NOV 2022 – 06:45 GMT-4

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    En los años 50, Venezuela empezaba a posicionarse como el país líder en combatir la malaria. Gracias a una impresionante campaña de fumigación y estudios que realizó en ese entonces el médico y salubrista venezolano Arnoldo Gabaldón, el país se convirtió en uno de los primeros en eliminar esta enfermedad en gran parte del territorio. Para 1961, la malaria no estaba presente en el 68% de Venezuela y, entre 1936 y 1962, la tasa de mortalidad se redujo de 164 muertes por cada 10.000 personas a la sorprendente cifra de cero.

    Pero el éxito que logró Gabaldón hoy en día es un fantasma. El Informe Mundial sobre la Malaria de 2020 calculó que en Venezuela los casos habían aumentado 1200% entre 2000 y 2019. Y solo en las dos primeras semanas de 2022, la ONU diagnosticó 2.796 casos de malaria en todo el país. El legado de Gabaldón se había desmoronado.

    “Lo primero fue que los programas de control de malaria dejaron de funcionar. Disminuyó el acceso a los medicamentos contra la malaria y a las herramientas para el control de vectores”, recuerda la doctora María Eugenia Grillet, profesora titular e investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela en entrevista con América Futura. “Luego, por la situación política y económica del país, muchos se fueron a trabajar a las minas de oro, al sur de Venezuela, afectando y modificando el paisaje, abriendo caminos a través del bosque”. Deforestando.

    A esto, además, se sumaron dos factores que, se sabe, son promotores de malaria: el calor y el aumento de lluvias. “El calor no solo acelera el desarrollo del parásito que causa la enfermedad de la malaria – Plasmodium -, sino de los mosquitos que los transmiten – los Anopheles -”, explica Isabel Fletcher, doctora graduada de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Reino Unido. Las lluvias, por su parte, terminan en agua estancada que los mosquitos necesitan para completar su ciclo de reproducción.

    Un grupo de mineros busca diamantes en Parai-Tepui (Venezuela), el 14 de mayo de 2019.
    Un grupo de mineros busca diamantes en Parai-Tepui (Venezuela), el 14 de mayo de 2019.MICHAEL ROBINSON CHAVEZ (GETTY IMAGES)

    ¿Pero qué rol juega cada uno de estos factores en el incremento de la malaria? ¿Qué porcentaje puede estar relacionado con el boom de minería que se vive en el sur de Venezuela? Este fue el tipo de preguntas que empezaron a rondar por las cabezas de un equipo de investigadores del que hacen parte Fletcher y Grillet. Tras crear un modelo con casos de malaria desde 1996 y variables potenciales asociadas como la temperatura del terreno, lluvias, deforestación, y huella minera, entre otras, encontraron que, en el caso del parásito Plasmodium falciparum, la minería podía explicar un 27% de la variación e incremento temporal de malaria, mientras que para el Plasmodium vivax la cifra era del 23%.

    “Hicimos esta separación porque en Latinoamérica el P. vivax es el que más nos afecta, con aproximadamente un 70% de prevalencia. Mientras el P. falciparum, que causa una enfermedad más grave, solo es responsable del 30% en nuestra región. Está última especie está más presente en África”, aclara Grillet.

    Además, en los resultados de esta investigación, que fue publicada en The Lancet, señalan que, en las zonas sin minería pero que sí registraban un aumento de temperatura no había mayor incidencia de casos de malaria, apuntando de nuevo al fuerte rol que cumple esa actividad extractiva.

    En el estado de Bolívar, por ejemplo, donde se han identificado los focos de minas (2.460, que representan el 96% de las que hay en todo el país), la malaria aumentó entre 1996 y 2016: 1.609% para P. falciparum y 2.986% para P. vivax. En estas zonas, comenta Fletcher, vuelven a confluir una serie de factores desencadenantes: la deforestación, la falta de servicios médicos, los pozos de agua dejados por la minería y la conglomeración de personas que han llegado en busca de trabajo. Lo preocupante, agrega Grillet, es que cuando los trabajadores regresan a sus estados de origen también pueden estar llevando la malaria con ellos, propagando este parásito por todo el país.

    “Se trata de una investigación importante en la medida que puede identificar con bastante certidumbre cómo interactúa un factor del paisaje y del clima en la transmisión de malaria”, concluye Rachel Lowe, tutora de Fletcher, coautora del estudio e investigadora de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. “Y esto es relevante para los sistemas de alerta temprana de un país o región, porque indica que podemos utilizar la información climática para intentar predecir el riesgo de malaria”.

    Fuente El País

  • Plan “Lata de agua”: Escuelas y ambulatorio en Petare se abastecen con agua de lluvia ante tuberías secas

    Laurencio Sánchez, arquitecto y uno de los fundadores de «Lata de agua», ideó este mecanismo que comienza con la captación de agua en los techos: pasa por un primer filtro hecho con grava y mallas metálicas donde quedan sedimentos y materiales vegetales, para luego atravesar canales y otros filtros hasta llegar a los tanques de almacenamiento.

    El agua que surte a una escuela en la mayor barriada de Venezuela viene «gratis desde el cielo» y no por el grifo: forma parte de un proyecto de captación de lluvias para hacer frente el precario suministro.

    La escuela Fermín Toro de Petare se vio muchas veces obligado a reducir horas de clase o suspenderlas por falta de agua.

    El suministro llegó a faltar por ocho meses y muchas veces las maestras pedían a los alumnos llevar su propia reserva para beber y lavarse las manos.

    «Cuando no tenemos agua de la tubería contamos con agua del proyecto ‘Lata de agua’, que es el agua de lluvia, y por este motivo ya no suspendemos actividades escolares», asegura Dayani Echezuría, la directora del plantel. «Trabajamos nuestra jornada diaria, el beneficio ha sido enorme».

    «Lata de agua», como fue bautizado este programa, funciona desde 2019 en tres escuelas y un ambulatorio.

    Si bien la práctica de recolección de agua de lluvia es muy común en localidades rurales desde hace siglos, en grandes ciudades como Caracas viene proliferando por los problemas en las redes de suministro operadas por empresas estatales.

    Laurencio Sánchez, arquitecto y uno de los fundadores de «Lata de agua», ideó este mecanismo que comienza con la captación de agua en los techos: pasa por un primer filtro hecho con grava y mallas metálicas donde quedan sedimentos y materiales vegetales, para luego atravesar canales y otros filtros hasta llegar a los tanques de almacenamiento.

    «Está basado en un modelo de suministro sustentable», explica a la AFP. «¡Es agua gratis desde el cielo!».

    En promedio Venezuela registra seis meses de lluvias al año.

    Plan «Lata de agua»: Escuelas y ambulatorio en Petare se abastecen con agua de lluvia ante tuberías secas

    – «Recoger agua de las nubes» –

    «Aquí se cosecha agua de lluvia», se lee en los cuatro gigantescos tanques azules con capacidad para 19.000 litros, que surten a la escuela Fermín Toro.

    En la Unidad Educativa Nuestra Señora del Encuentro, otra de las escuelas beneficiadas en Petare, el agua recolectada se usa para el riego de un huerto propio, que ayuda a abastecer un comedor donde sirven comida a sus 850 estudiantes.

    El agua se almacena en un enorme tanque verde que se mandó a hacer en ese color para que se mimetice con los árboles. Se recolectan unos 250.000 litros al año mediante este programa financiado por la embajada de Francia.

    En el huerto cultivan legumbres, hierbas aromáticas y verduras; antes perdieron cosechas de maíz por falta de agua.

    «Gracias a ‘Lata de Agua’ se ha podido fortalecer la ‘Sopa de la virgen’», dice la religiosa María Inés Guerrero, directora de la escuela, en referencia a su comedor.

    La «Sopa de la virgen» comenzó en 2016 y la bautizaron así porque se hacía con lo que se podía recolectar. «Como no teníamos nada, no sabíamos de qué íbamos a hacerla y le rezamos a la virgen», explica Guerrero.

    Los excedentes de la lluvia son infiltrados al suelo.

    «El gran tanque de la naturaleza es el suelo», explica Laurencio Sánchez, que muestra el mecanismo de infiltración artesanal que permite devolver lo que no se usa a acuíferos subterráneos. Esto «mejora la calidad del suelo de cara a la sequía».

    En Petare, fuera de las escuelas beneficiadas, algunos vecinos, también víctimas de la falta crónica de agua, han comenzado a improvisar sus propios mecanismos de recolección.

    «‘Lata de Agua’ nos enseñó a recoger agua de las nubes», dice Thays Colmenares, que lleva 30 de sus 46 años viviendo en Petare y replica lo aprendido en su casa.

    Lo mismo Sally Carvallo, que usa el agua que recoge para lavar la ropa, asear los baños y regar sus plantas.

    «Viendo lo que se ha hecho aquí mucha gente ha aprendido», sostiene esta ama de casa de 54 años.

  • Sinergia presentó el informe de seguimiento a la Agenda 2030

    ¿Es posible el Desarrollo Sostenible en Venezuela, reconociendo el conflicto, atendiendo la emergencia humanitaria y construyendo paz?

    En el marco de la Semana Global por los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS, que se desarrolla desde el 15 al 26 de septiembre, la red de organizaciones de la sociedad civil venezolana SINERGIA presentó su informe de actualización al Seguimiento de la Agenda 2030 en Venezuela.

    Deborah Van Berkel, presidenta de Sinergia, señaló que distintas organizaciones y actores de la sociedad civil venezolana, desde que la Agenda 2030, fue impulsada, aprobada y promovida por las Naciones Unidas, se han preguntado sobre la posibilidad de desarrollo en Venezuela.

    En esta oportunidad, el informe presentado por Sinergia considera los objetivos número 4 que se refiere a educación de calidad, el número 5 que apunta a la igualdad de género, los objetivos 14 y 15 que tratan el tema de conservación del ambiente y el objetivo 17 que habla de las alianzas necesarias para el desarrollo.

    Sinergia ha hecho seguimiento a la Agenda de Desarrollo desde el año 2015 cuando fue aprobada. Han elaborado distintos informes y este que hoy presentaron es una actualización sobre los objetivos que este año fueron evaluados en el foro de Alto Nivel presentados en New York. “Precisamente los objetivos correspondientes a  educación, género, medio ambiente y alianzas para el desarrollo son la base de esta actualización  de datos sobre la situación en Venezuela, pero también sobre propuestas de como desde la sociedad civil autónoma en una voz propia y unida podemos continuar exigiendo derechos y trabajando por el desarrollo”,  expresó Van Berkel

    La presidenta de Sinergia hizo hincapié en que para que una Agenda de Desarrollo en Venezuela pueda tomar un nuevo cauce es importante no dejar de lado la situación humanitaria. Atender la realidad de las necesidades de un gran cantidad de población vulnerable dentro y fuera del país. También reconocer que este proceso debe encaminarse hacia la construcción de paz, reconocer el conflicto y empujarlo hacia una transformación positiva de resolución y para ello se necesitan instituciones fuertes con capacidad de respuesta para procesar todas las condiciones que se presentan en el país. Destacó la importancia del triple nexo para abordar estos desafíos.

    En este sentido, Jo D’Elia director de Civilis Derechos Humanos, presentó el marco conceptual del enfoque del triple nexo. La comunidad internacional avanzó hacia un nuevo marco de respuesta más global e integrador, que incluye además de la acción humanitaria y el desarrollo, la dimensión de la paz que se aplica en contextos de crisis, conflictos y fragilidades. “Nació para dar respuesta a estas situaciones por presión en los sistemas de respuesta con problemas de desbordamiento, desgaste y fallas, ante el agravamiento y prolongamiento de las crisis, conflictos y fragilidades cada vez más multicausales, interconectadas y transnacionales”, sostuvo Jo D’Elia. Su explicación más detallada, se encuentra en el informe de Hum Venezuela, a ser presentado por Civilis en los próximos días.

    Fuente Sinergia

    Descargue el Informe en este enlace

  • Amazonía por la Vida en Venezuela

    Se celebró el primer encuentro en Venezuela para impulsar esta nueva iniciativa que busca la protección del 80% de la región amazónica para el año 2025, con énfasis en el fortalecimiento de los pueblos indígenas. 

    La Amazonía se extiende por 8 países de Sur América y una región de ultramar de Francia: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. Allí, se encuentra el bosque tropical continuo más extenso del planeta, vital para la regulación y la estabilidad climática global, emporio  de altos niveles de biodiversidad y hogar de millones de indígenas. Actualmente, la Amazonía se encuentra en medio de una crisis a causa de las actividades humanas, en un punto de inflexión, lo cual hace imperativo la toma de decisiones acertadas y de acciones conjuntas  para su conservación. En este sentido, resulta esencial considerar que la gestión de la Amazonía por parte de los pueblos indígenas y la defensa de sus territorios ha demostrado ser una medida eficaz de conservación, aunque hasta ahora ha recibido muy poco apoyo de los gobiernos y la comunidad internacional. 

    Las organizaciones indígenas amazónicas, que representan a 511 pueblos ancestrales junto a sus aliados, se unen en un llamado para pedir un pacto global que logre la permanente protección del 80% de la Amazonía para el año 2025. Esta iniciativa, llamada Amazonía por la Vida, es liderada por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) y apoyada por Stand.Earth, además de un comité directivo que reúne varias organizaciones dentro de la región y fuera de ella. La misma inició con la Moción 129 aprobada unánimemente en el Congreso Mundial de la Naturaleza, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en septiembre del año pasado. Esta es una medida urgente para evitar superar el punto de inflexión en la Amazonía. Si la deforestación y la degradación combinadas cruzan el umbral del 20% en esta región, los científicos advierten que el sistema alcanzará un punto irreversible de sabanización de todo el ecosistema. El tiempo de actuar es ahora.

    Desde Venezuela se hace necesario establecer una coalición que impulse este esfuerzo, partiendo del intercambio de conocimientos, saberes, experiencias y realidades entre los diversos actores que hacen vida en nuestra Amazonía. En el marco de este llamado varias organizaciones indígenas, académicas y de la sociedad civil se están uniendo para proponer un plan nacional que permita lograr esta ambiciosa meta, cuyo desafío  puede apreciarse al considerar que la Amazonía venezolana comprende el estado indigena de Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, abarcando casi el 50% del territorio terrestre del país.

    En la región habitan al menos 31 pueblos indígenas que hacen vida y  conocen en primera línea  la realidad que acontece en sus territorios y los mayores retos para protegerlos. Dado que la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del estado Amazonas (ORPIA) es la organización miembro de COICA en Venezuela, mientras Provita es una ONG miembro tanto de UICN como de RAISG, COICA invitó a ambas a impulsar la propuesta “Amazonía por la Vida” en Venezuela. A este grupo se han sumado el Grupo de Trabajo de Asuntos Indígenas (GTAI) de la ULA, Fundación Tierra Viva, Phynatura y la Oficina de Derechos Humanos del Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho, como comité directivo del esfuerzo.

    El pasado 01 de septiembre de 2022 se celebró un taller de trabajo con representantes de varios pueblos indígenas de la Amazonía venezolana (Arawako, Baniva, Baré, Jivi, Kurripaco, Piapoco, Uwottuja, Warao, Warekena, Yabarana, Ye’kwana y Yeral). En el evento también participaron otras organizaciones indígenas (Escuela Baré, Kubawi, Kuyujani, Kuyunu, Oipus, Oiyapam, Omida, Opica, Rajia, Sidea, Unión de comunidades indígenas Warao, Unuma y Wanaaleru) de la mano con el comité directivo y otras instituciones (Handicap Internacional, IVIC, Universidad de East Anglia de Inglaterra), con la finalidad de promover la iniciativa Amazonía por la Vida en Venezuela. 

    Eligio Dacosta, Coordinador General de ORPIA, señaló que “la Amazonía forma parte de nuestra vida y cada vez son mayores los retos para mantenerla a salvo, pero parte del camino son las alternativas de vida que brindan los pueblos indígenas al territorio. Aunque no sea fácil, nada es imposible”.

    En el evento, representantes de los diferentes pueblos indígenas plantearon la situación de sus territorios, problemas y propuestas. Uno de los principales puntos tratados fueron los procesos de demarcación y autodemarcación. La constitución venezolana contempla mecanismos innovadores para su reconocimiento, que deben reactivarse. Vladimir Aguilar, Coordinador del Grupo de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (GTAI) de la Universidad de Los Andes (ULA), mencionó que “el punto en común de todas las iniciativas es el territorio, por lo que la demarcación y autodemarcación debe ser una prioridad de la iniciativa”.

    También se discutió sobre la gobernanza y gestión territorial, manifestando que es indispensable apoyar el fortalecimiento de los pueblos indígenas, involucrando a los jóvenes como generación de relevo en la lucha por sus derechos ancestrales y asegurando la salvaguarda y autodeterminación de los pueblos en aislamiento y contacto inicial. Además, varios de los territorios son pluriticulturales, lo que hace compleja la demarcación y autodemarcación.

    Los pueblos indígenas han habitado ancestralmente la Amazonía por miles de años, conviviendo de forma armónica con todos los procesos que allí ocurren. Gregorio Mirabal, coordinador de la COICA, indicó que “cuando se habla de biodiversidad, se habla de pueblos indígenas, no puede ser separado, somos uno solo en la Amazonía”. Además, Gregorio refirió que para ellos, Amazonía por la Vida “es un llamado para ponerse de acuerdo en qué debemos hacer para salvar la Amazonía porque no es un problema de los pueblos indígenas solamente”.

    Este evento resaltó la necesidad de visibilizar los esfuerzos, que desde hace décadas los pueblos indígenas hacen para conservar y aprovechar de manera sostenible la Amazonía venezolana. También se planteó la necesidad de continuar con futuros talleres de discusión de Amazonía por la Vida en Venezuela. Lo importante es que no se está partiendo de cero, hay un camino recorrido con experiencias valiosas. Sin embargo, se debe desarrollar una estrategia que permita avanzar y alcanzar las metas de la iniciativa. Estos esfuerzos se realizarán en conjunto con los demás países y pueblos indígenas de la Amazonía.

    Próximamente, esta iniciativa continuará sumando aliados desde múltiples sectores y áreas de experiencia en el país y a nivel internacional. Todos tenemos un rol en la conservación de nuestra Amazonía en pro de cumplir el objetivo fundamental de salvaguardar al menos el 80% de la Amazonía para el año 2025. “Todos estamos llamados a defender la Amazonía, es la corresponsabilidad de la humanidad”, Anñelito Pacheco, coordinador general de la organización Kuyunu.

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